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Vol. 40. Núm. 4.
Páginas 260-261 (Mayo 2016)
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Carta al Director
DOI: 10.1016/j.medin.2016.02.012
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Obituario Profesor Francisco Javier Elío Membrado
Obituary: Professor Francisco Javier Elío Membrado
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A.L. Blesa-Malpica
Servicio de Medicina Intensiva, Hospital Clínico San Carlos, Madrid, España
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Sr. Director:

El Prof. Francisco Javier Elío Membrado nació en Logroño el 28 de diciembre de 1916, y ha fallecido en el mes de enero de 2016. Casi 100 años de existencia, en los que sobresalen los dedicados a la docencia y la clínica.

El Prof. Elío se licenció en medicina en Zaragoza, en 1941. Allí coincidió con el Prof. Lorenzo Velázquez, que despierta su pasión por la farmacología.

En el campo de la farmacología obtuvo el grado de doctor en 1945, con la tesis titulada «Mecanismos de la narcosis».

Le acompaña en su retorno a Madrid, y es ayudante de la sección de Farmacología Experimental entre los años 1944-1947. De su mano y amparado por una de las becas de la Junta de Relaciones Culturales del Ministerio de Asuntos Exteriores, en septiembre de 1945, realiza una estancia en Inglaterra con el Prof. J.H. Burn.

Sin embargo, un accidente y una cirugía intercurrente, le hacen conocer al Prof. Robert R. Macintosh y la moderna anestesia que por aquel entonces (1947) se abría paso firme entre las especialidades médicas inglesas.

Solicita y le es concedida una estancia en la Radcliffe Infirmary, en donde ve actuar a los anestesistas, las técnicas y los fármacos. Esta experiencia le lleva a realizar un curso de anestesia, especialidad que a partir de entonces ocupará su atención y esfuerzos por trasladarla a España. Conviene recordar que, en aquellos años, aplicar la anestesia era labor del último interno de cirugía, y que en la escala biológica del quirófano, era el escalón más bajo. Esto se terminó con el Prof. Elío, que consiguió para la anestesiología, el reconocimiento de especialidad a la altura de cualquier otra, y al anestesiólogo el papel importante, que sin duda le corresponde.

En Inglaterra se familiariza con los barbitúricos, los anestésicos endovenosos, el curare y los nuevos anestésicos locales.

A su vuelta de Inglaterra y en compañía del Prof. Vela, su amigo de toda la vida, se dedica a enseñar esta nueva especialidad, mediante la creación de la Escuela de Anestesiología.

Continuó en la cátedra de farmacología consiguiendo la plaza de colaborador científico del CSIC en 1949. Esta institución era dependiente del Instituto de Farmacología Experimental que dirigía el Prof. Velázquez.

En el Instituto Neuroquirúrgico (IN) trabajo con el Dr. Obrador, introduciendo en Madrid la anestesia general con intubación endotraqueal en neurocirugía, así como la anestesia raquimedular.

En 1955 pasa a la Fundación Jiménez Díaz (FJD), al ser absorbido el IN por esta fundación. Fue época de fecunda actividad, trabajando en el Gran Hospital de la Beneficencia General del Estado (actual Hospital de la Princesa), en la Clínica del Trabajo, en el Instituto del Cáncer, en el Hospital Central de la Cruz Roja y en la cátedra del Prof. Martín Lagos de la Facultad de Medicina, en donde impartió cursos extensos y completos de anestesiología.

Entre los años 1956-1962 fue jefe de equipo de anestesiología en la seguridad social.

Es en agosto de 1968, cuando se crea y gana por oposición la primera cátedra de Anestesiología y Reanimación de la Universidad Española (BOE Ministerio de Educación y Ciencia, 17 de octubre de 1970).

Junto con otros destacados anestesiólogos de formación anglófila,(Miguel, Montón, De la Vega, Vela y Llauradó) fundó la Sociedad Española de Anestesiología y Reanimación (SEDAR).

A principio de la década de los 70, y siguiendo la estela de la FJD, y con la generosa colaboración del Prof. Espinos, se abrió la unidad de cuidados intensivos y coronarios (UCI y C) con 24 camas, y atrayendo a esta especialidad que nacía, a internistas, anestesiólogos, cardiólogos y algún que otro neumólogo. Dentro del propio servicio, se estableció un pequeño laboratorio y una cocina en donde preparar las dietas enterales que ya entonces se estimaban necesarias para el sostén de los pacientes graves.

El Prof. Elío aunaba en su persona 2 jefaturas de servicio: la de anestesiología y reanimación y la de medicina intensiva. Siempre entendió que estas especialidades, aunque afines, eran distintas, y esto le valió no pocos sinsabores e incomprensiones de sus compañeros anestesiólogos.

Tuve la fortuna de ser uno de los primeros residentes de 5 años de la especialidad, siendo reconocida como tal al año de haber comenzado mi residencia. Y sin duda, la participación del Prof. Elío en la Comisión Nacional de Especialidades, facilitó que fuese reconocida de pleno derecho.

La UCI de los años 80 era una UCI fundamentalmente médica, con la excepción del postoperatorio de la cirugía cardiaca, cirugía extracorpórea en aquellas fechas. Las visitas eran dirigidas con su presencia y eso ayudaba a mantener la cordialidad y respeto que se respiraba.

Se realizaban las sesiones anatomopatológicas, las de revisión de protocolos, bibliográficas, de actualización. Incluso se establecieron sesiones con los cardiólogos (Prof. Zarco) e internistas (Prof. Fernández Cruz) dedicados a la enfermedad cardiovascular, en un ambiente de franca colaboración y enriquecedoras, para este residente neófito.

De su constancia, recuerdo la persistente búsqueda del perfecto funcionamiento del aparataje, y no era infrecuente verlo con el destornillador en ristre, aplicándose sobre el instrumento que había cedido…

Por encima de ello, su máxima preocupación era que el paciente estuviese bien y adecuadamente atendido y, sobre todo, que no perdiésemos la perspectiva de que era un ser humano el que estábamos tratando.

De esta UCI salieron buena parte de futuros jefes de servicio en otros hospitales del país, y no fueron pocos los iberoamericanos que se formaron o realizaron estancias en el servicio.

En su grupo se gestó el primer ventilador, en el mundo, controlado por microprocesadores, con aplicación clínica (Dr. Suarez Álvarez).

Fue una persona honesta, recta y justa.

Todavía le veo, con su marcha oscilante, en la acera de Isaac Peral camino de su casa, de vuelta de su paseo diario, los brazos cogidos a la espalda y disfrutando de salud y lucidez, que conservó hasta horas antes de su fallecimiento.

Allí donde esté reciba mi reconocimiento y agradecimiento. Descanse en Paz.

Copyright © 2016. Elsevier España, S.L.U. y SEMICYUC
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